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Espejo Sofia

Espejo astronómico de alta tecnología diseñado para «volar» en el Observatorio Estratosférico

La NASA mantendrá la mayoría de sus programas en marcha, como la promoción de una nave comercial que a partir de 2017 lleve astronautas a la Estación Espacial Internacional y el debut para ese año de un nuevo sistema de lanzamiento y cápsula con la luna como objetivo, a pesar del ligero recorte que la agencia espacial estadounidense sufrirá en su presupuesto para 2015.

Las cuentas de la NASA para el próximo ejercicio fiscal, que en el caso de las entidades gubernamentales de EE.UU. comienza el 1 de octubre, ascenderán a 17.500 millones de dólares. Aunque esto supone un 1% menos que en el ejercicio de 2014, la agencia recibirá 600 millones de dólares más que en 2013, cuando la discusión sobre el déficit de EE.UU. llevó a drásticos recortes del gasto público. Estas cifras están pendientes de la aprobación del Congreso, que ahora se dispone a estudiar el presupuesto federal enviado el martes por la Casa Blanca.

Un telescopio volante
Entre las iniciativas que la NASA no llevará adelante está la construcción de un telescopio aéreo de rayos infrarrojos conocido como Observatorio Estratosférico para Astronomía Infrarroja. Solo continuará los trabajos en él si el Centro Aeroespacial Alemán, con el que conjuntamente desarrolla el telescopio, aumenta sus aportaciones económicas.

La NASA es el patrocinador principal de este observatorio volante que porta un telescopio de 18 toneladas, montado en la parte trasera de un avión de pasajeros modificado Boeing 747SP.

Volando a una altura de entre 39.000 pies (11.880 metros) y 45.000 pies (13.710 metros), el telescopio explora los cielos en busca de objetos celestes que emiten radiación en longitudes de las ondas infrarrojas, invisibles para el ojo humano.

Un cohete pesado en 2017
La NASA prevé destinar 848 millones de dólares al programa que subvenciona a empresas privadas para que desarrollen una nave que lleve tripulación a la Estación Espacial Internacional, donde ahora, tras la jubilación de los transbordadores, los astronautas estadounidenses son conducidos en naves lanzadas por los rusos.

Mientras la iniciativa privada cubre ese servicio en la baja órbita terrestre, la NASA dedicará 2.800 millones de dólares al nuevo Sistema de Lanzamiento Espacial, con el propósito de lanzar hacia un espacio más lejano un cohete pesado que acompañe a la cápsula tripulada Orion. La meta es un lanzamiento no tripulado hacia el espacio lunar en 2017, y uno tripulado en 2021. Para 2025, el Sistema de Lanzamiento Espacial y la cápsula Onion deberían poder explorar un asteroide «redireccionado».

El presupuesto incluye 1.300 millones de dólares para el trabajo de un nuevo vehículo para la recogida de muestras en Marte, basado en el diseño del Curiosity, que está previsto lanzar en 2020. Habrá 15 millones para comenzar a preparar la misión de un robot con destino a la luna Europa de Júpiter, con lanzamiento pensado para el final de la próxima década.

Fuente: http://www.abc.es/ciencia/20140306/abci-nasa-abandona-telescopio-infrarrojos-201403052111.html

El telescopio Hubble de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) han recogido imágenes de la desintegración de un asteroide en al menos diez pequeños fragmentos acompañados de colas de polvo, igual que los cometas. Según la ESA, se trata de la primera vez que un evento de estas características es fotografiado.
Hasta el momento existían fotografías de la partición de cometas, que perdían sus frágiles núcleos a medida que se acercaban al Sol. Sin embargo, esta es la primera vez que se observa la desintegración completa de un asteroide, el P/2013 R3, en el llamado ‘cinturón de asteroides’.
“Ver cómo un asteroide se desintegra delante de nuestros ojos es muy emocionante”, confesó el director de esta investigación, David Jewitt, de la Universidad de UCLA.
El astro fue detectado el pasado 15 de septiembre y, según Jewitt, ofrecía un aspecto “inusual”. El 1 de octubre se observó que en realidad había tres cuerpos que se movían en la nube de polvo circundante, que en conjunto ocupaba un diámetro casi igual al de la Tierra. “Ello nos indicó que valía la pena observar este cuerpo con el Hubble”, apuntó.
Gracias a su mayor resolución, este telescopio demostró que en realidad existían 10 cuerpos celestes distintos en circulación, cada uno con su propia cola de polvo y gas, como los cometas.
Los cuatro fragmentos de mayor tamaño tienen un radio de 200 metros (aproximadamente dos campos de fútbol) y se alejan entre sí a una velocidad de 1,5 kilómetros por hora.
La desintegración comenzó el año pasado, pero el hecho de que sigan apareciendo nuevos fragmentos indica que el proceso no ha concluido. Por ello, los científicos creen que esta no se debió a la colisión con otro cuerpo celeste, pues en tal caso habría sucedido de forma instantánea y las piezas se moverían a una velocidad mucho mayor. Tampoco parece probable que se debiera a la presión causada por el derretimiento del hielo interno, ya que el asteroide se hallaba muy lejos del sol.
Así, parece ser que lo que está detrás de esta ruptura es un fenómeno conocido como ‘efecto Yorp’, que aumenta la velocidad de rotación y provoca la desintegración de los cuerpos por el aumento de las fuerzas centrípetas.
Según la ESA, los investigadores llevan años discutiendo sobre este fenómeno, aunque hasta el momento nunca había sido observado de forma fiable.
(SERVIMEDIA)
Fuente: http://noticias.lainformacion.com/ciencia-y-tecnologia/astronomia/fotografian-por-primera-vez-la-desintegracion-de-un-asteroide_KpBzzaB3uF4yV1cuLBd6b3/

El viaje más largo del Curiosity en Marte

 

ABC.ES ABC_CIENCIA / MADRID

Día 24/07/2013 - 12.24h

Ha recorrido más de 100 metros en un solo día, el doble de lo que haya hecho jamás, en su camino hacia el monte Sharp

100,3 metros. No parece una distancia muy asombrosa, pero supone todo un récord para el rover Curiosity, a punto de cumplir dos años sobre la superficie de Marte. El pasado 21 de julio el vehículo explorador recorrió exactamente esa distancia, 100,3 metros, y llegó dos veces más lejos de lo que había hecho nunca en un solo día. El paseo le acerca a su objetivo, el monte Sharp, donde los científicos de la NASA esperan descubrir cómo evolucionó en el pasado el ambiente del Planeta rojo.

El viaje comenzó el día marciano (o Sol) 340, desde una ubicación con una vista inusualmente buena para que los ingenieros del rover pudieran planificar una ruta segura. En las próximas semanas, el equipo planea comenzar a utilizar la capacidad «Autonav» del vehículo para que circule de forma autónoma, lo que podría hacer más frecuentes esos desplazamientos largos.

El viaje completo del Curiosity durará varios meses, desde la zona de Glenelg, donde ha trabajo durante el primer semestre de 2013, a un punto de entrada para los principales destinos de la misión: las capas más bajas del monte de Sharp. El desplazamiento más largo durante un día antes del 21 de julio fue de 49 metros sobre el Sol 50 (26 de septiembre 2012). Después de completar el viaje más largo el 21 de julio, el poderoso vehículo condujo 62,4 metros dos días después, el 23 de julio (Sol 342), con lo que la distancia total de conducción de la misión hasta el momento es de 1,23 km.

Un camino seguro

El paseo del Sol 340 incluye tres segmentos, con vueltas en el extremo del primero y segundo. Los técnicos utilizaron la información de la cámara de navegación (NavCam) en el mástil del Curiosity, además de imágenes de la cámara con teleobjetivo MastCam. De esta forma, los investigadores pudieron ver el camino más seguro para el rover yapreciar el tamaño de las rocas para estar seguros de que no había peligro. «Pudimos ver a bastante distancia, pero había una zona en frente que no era claramente visible, así que tuvimos que encontrar un camino alrededor de esa zona», explica Paolo Bellutta, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, en Pasadena, California.

El Curiosity aterrizó en un área conocida como Bradbury, dentro del cráter Gale, el 5 de agosto del 2012. A partir de ahí, el rover condujo hacia el este a la zona de Glenelg, donde se llevó a cabo principal objetivo científico de la misión de encontrar evidencia de un antiguo ambiente húmedo que tenía condiciones favorables para la vida microbiana. La ruta del rover es ahora hacia el sudoeste. En el monte Sharp, en el centro de cráter Gale, los científicos prevén encontrar evidencias acerca de cómo cambió y evolucionó el antiguo ambiente marciano.

El mapa que borró a los habitantes de la Luna

 

La odisea en el espacio

 

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/07/26/ciencia/1374829249.html

Mapa lunar de John Russell. | EM 

Mapa lunar de John Russell. | EM

Ángel Díaz | Madrid

Actualizado viernes 26/07/2013 13:49 horas

La cartografía lunar, o selenografía, experimentó un gran avance en el siglo XVIII gracias al trabajo del alemán Johann Tobias Mayer, quien buscaba en la Luna un punto de referencia útil para la navegación en alta mar. Al margen de esta aplicación práctica, el interés científico por representar con exactitud al satélite terrestre siguió dando sus frutos durante las últimas décadas del llamado ‘siglo de las luces’ y primeras del XIX. Las matemáticas de la época ya podían predecir con exactitud la órbita lunar, pero la geología no había determinado aún qué clase de orbe era realmente: ¿Caliente o helado? ¿Cambiante o inerte? ¿Habitado o desértico? En resumen: ¿Vivo o muerto?

Otro fanático de la selenografía fue el abogado alemán Hieronymus Schröter, que detectó decenas de nuevos accidentes geográficos lunares -uno de los cuales lleva ahora su nombre- y publicó, en 1790, un detallado atlas en el que se empleaba por primera vez la palabra cráter.

En aquel tiempo, se creía que la Luna experimentaba erupciones volcánicas a menudo, y el célebre astrónomo William Herschel creía haber detectado tres de ellas tan solo tres años antes. A esta errónea tesis científica se unía el problema de que Schröter, pese a su gran esfuerzo y dedicación, no era un buen dibujante.

De hecho, sus mapas eran tan inexactos que él mismo creyó ver cómo algunas partes de la Luna habían cambiado, lo que atribuyó a una civilización selenita. La idea de que el satélite, al igual que la propia Tierra, podía albergar vida inteligente, gozaba de una amplia tradición, pero pronto sería desterrada para siempre del discurso científico.

Fragmento del mapa de Beer y Mädler. | EM 

Fragmento del mapa de Beer y Mädler. | EM

La obra que puso fin a todas estas especulaciones fue ‘Der Mond nach seinen kosmischen und individuellen Verhältnissen’ (La Luna y sus condiciones cósmicas e individuales), de los alemanes Wilhelm Beer y Johann Mädler.

Publicado en 1837, tras cuatro años de duro trabajo, pronto se convirtió en el libro de referencia de la selenografía y aún hoy está considerado como el trabajo lunar más importante de todo el siglo XIX. De hecho, hubo que esperar a la invención de los cohetes y el inicio de la carrera espacial para que se produjeran los siguientes avances significativos en nuestra comprensión científica del satélite.

El satélite no puede albergar vida

Beer, un rico banquero aficionado a la astronomía, levantó un observatorio privado en Berlín en 1829 y puso al frente del mismo a Mädler, un apasionado de los cielos que se había quedado huérfano a los diecinueve años con tres hermanas pequeñas de las que cuidar y, desde entonces, se ganaba la vida impartiendo clases particulares.

Ambos dejaron establecido, de una vez por todas, que la Luna “no es una copia de la Tierra”. Allí no hay ingenieros que transformen el paisaje, ni animales, ni ningún tipo de vegetación. De hecho, en ‘Der Mond’ se indicaba con claridad que el satélite terrestre no posee agua ni aire, tal y como mostraba el hecho de que las manchas lunares no cambiaran nunca.

Retrato de John Russell. | EM 

Retrato de John Russell. | EM

Junto a esta obra, Mädler y Beer también realizaron el mapa más exacto que se había hecho hasta el momento de las irregularidades lunares, reflejadas con un cuidado estético comparable al de Russell y una precisión científica sin precedentes. Tras la aparición de esta monumental obra, muchos dieron por concluido el estudio de nuestro satélite.

Una de las pocas personas que siguió observándolo de un modo riguroso fue el también alemán Julius Schmidt, director del Observatorio de Atenas, que en 1878 publicó el atlas lunar más completo jamás dibujado. En aquel momento ya se habían tomado varias fotografías de la Luna a través de telescopios; la primera de ellas data de 1839 y es un daguerrotipo realizado por John William Draper, quien más tarde presidiría la Asociación Fotográfica Americana.

Prevalece la teoría de Schmidt

Pero las imágenes reales del siglo XIX aún no ofrecían tantos detalles de interés científico como el cuidadísimo mapa de Schmidt, en el que se destacaban más de 33.000 cráteres. Por ello, este trabajo mantendría su vigencia hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando apareció el mapa fotográfico del astrónomo estadounidense de origen holandés Gerard Kuiper.

Schmidt conocía bien la Luna, tanto a través de su telescopio como gracias a los mapas de Mädler y Beer, y había creído ver, en 1866, cómo se reducía considerablemente el tamaño del cráter ‘Linne’, llamado así por Madler en honor al botánico Carlos Lineo.

Herschel dio credibilidad al hallazgo de todo un experto en selenografía, como era Schmidt, y postuló que un terremoto había derruido las paredes del cráter y este había sido inundado por lava. Sin embargo, lo más probable es que Schmidt se precipitara en sus observaciones, aunque el motivo concreto de su error sigue siendo un misterio.

Pese a la aparente quietud e inmutabilidad del satélite terrestre, lo cierto es que varias veces se han observado fenómenos lunares transitorios (TLP, por sus siglas en inglés), pero no se tiene constancia de ningún cambio permanente como el anunciado por Schmidt.

La sonda estadounidense Clementine demostró en 1999 que los TLP aún ocurren con cierta frecuencia en regiones como el ‘Vallis Schöteri’ (llamado así por Hieronymus Schröter),junto al cráter ‘Aristarchus’. Un año después, Audouin Dollfus publicó un artículo en el que explicaba el descubrimiento de otro fenómeno similar en el cráter ‘Langrenus’.

De nuevo la mirada puesta en la Luna

El hallazgo se había producido en 1992 desde el telescopio Meudon del Observatorio de París y, por lo tanto, es el primer TLP científicamente incontestable de la historia. Estos fenómenos se deben a chorros de gas que escapan del subsuelo del satélite tras un terremoto, y suelen producir un destello de luz que aparece de repente sobre la faz de la Luna y enseguida se desvanece. También se ha sugerido que algunos de estos fenómenos pueden deberse a meteoritos que se hacen añicos y se evaporan tras colisionar con la Luna.

El caso del cráter menguante detectado por Schmidt provocó una nueva oleada de interés por la Luna, la cual, de repente, volvía a aparecer como un mundo vivo y cambiante. En este contexto, el astrónomo, periodista, cronista parlamentario y crítico teatral inglés Edmund Neison -cuyo verdadero nombre era Edmund Neville Nevill- fundó la Sociedad Selenográfica y escribió un libro fundamental sobre la materia, publicado en 1876.

Retrato de Schroter. | EM 

Retrato de Schroter. | EM

Esta obra, llamada ‘The Moon and The Condition and Configuration of its Surface’ (La Luna y la condición y configuración de su superficie) fue una de las que manejaron los científicos de la NASA cuando tuvieron que elegir los sitios de alunizaje del programa ‘Apollo’.

Neison se hizo cargo del Observatorio de Durban, en Sudáfrica, y desde allíestudió la órbita y libraciones lunares, poniendo a prueba todas las teorías vigentes sobre nuestro satélite. Aficionado al tenis, se casó con una de las profesionales de este deporte más prestigiosas del momento, la sudafricana nCe Mabel Grant, quien solía ayudarlo en sus investigaciones astronómicas.

Neison fue también un apasionado de la astronomía e historia de la antigua Babilonia, una de las primeras culturas que estudió de forma sistemática el firmamento. Se sabe que escribió varios libros y novelas sobre esta civilización, todos ellos inéditos.

El impacto de los meteoritos

Sin embargo, al margen de Neison y sus colegas de la Sociedad Selenográfica, pocos prestaban atención a la Luna a finales del siglo XIX. Cuando el geólogo estadounidense Grove Karl Gilbert descubrió que los cráteres lunares se deben a impactos con meteoritos, y no a actividades volcánicas, tuvo que publicar su hallazgo en el boletín de la Sociedad Filosófica de Washington, una revista que muy pocos astrónomos leían.

De hecho, el artículo de Gilbert, redactado a finales de 1892, pasó inadvertido durante décadas, hasta que fue rescatado en plena carrera espacial por llegar a la Luna. Desde entonces, está reconocido como uno de los grandes trabajos científicos en relación con nuestro satélite, ya que resolvió un problema que había coleado durante milenios: el origen de las manchas lunares.

Platón y Aristóteles habían teorizado que la Luna era una esfera perfecta, una tesis que resistió el paso del tiempo hasta que Galileo la desmontó con su telescopio.

Tan sólo unas décadas después de que Galileo revolucionara la astronomía, concretamente en 1665, el gran científico y polemista Robert Hooke publicó su obra ‘Micrographia’, en la que describía, por primera vez, una serie de experimentos destinados a averiguar la naturaleza de los cráteres lunares.

El astrónomo inglés lanzó balas sobre un preparado de arcilla y observó que los agujeros que quedaban eran muy distintos a las irregularidades que mostraba la Luna, por lo que desechó que estos se hubieran formado por impactos con otros objetos estelares. Hooke, como otros científicos de su tiempo, fue un gran enemigo de Newton.

De hecho, argumentaba que Newton le había robado la idea de que la gravedad varía en proporción al cuadrado de la distancia. Al oír esto, Newton eliminó las referencias a Hooke que había incluido en las primeras ediciones de su obra magna, los ‘Principia Mathematica’, y, según cuenta la leyenda, quemó todos los retratos de su rival.

Recreación de un impacto lunar. | NASA 

Recreación de un impacto lunar. | NASA

Solo dos respuestas

En su experimento, el autor de ‘Micrographia’ hirvió en una sartén un compuesto de yeso y observó cómo estallaban las burbujas, que hacían las veces de volcanes en miniatura. Al parecer, las marcas que estas dejaban se parecían más a los cráteres lunares, por lo que llevaron al científico a la conclusión equivocada.

Curiosamente, y pese a que le acabara induciendo a error, la elección del material no fue nada desacertada: cuando el astronauta del ‘Apollo 14′ Edgard Mitchell vio la Luna, exclamó: “Parece que ha sido moldeada con yeso”. De un modo u otro, el trabajo de Hooke sentó las bases sobre las que el problema seguiría debatiéndose hasta bien entrado el siglo XX, ya que las únicas opciones que se barajaron desde que se publicara este experimento fueron las dos que el inglés había propuesto como hipótesis: o impactos con meteoritos o actividad volcánica.

Más de dos siglos después de los pioneros experimentos de Hooke, Gilbert, cuyas investigaciones pasaron desapercibidas en un primer momento, llegó a la conclusión de que los meteoritos eran los responsables no sólo de los cráteres, sino también de las regiones lunares denominadas mares.

En efecto, tal y como confirmarían después sobre el terreno los astronautas y científicos del programa Apollo, se trata de valles generados por grandes colisiones. El informe de Gilbert, titulado ‘The Moon’s Face, A Study of the Origin of its Features’ (La cara de la Luna, un estudio del origen de sus rasgos), incluía un dibujo del cráter Clavius, donde se mostraba cómo cráteres más jóvenes y pequeños habían aparecido sobre la depresión original. Si podía haber varios cráteres dentro de otro cráter mayor, estaba claro que no podía tratarse de aperturas volcánicas, sino de sucesivos impactos de metoros de distinto tamaño.

Poco a poco, se iba arrojando algo de luz sobre los misterios del satélite terrestre, aunque las mayores sorpresas estaban aún por llegar. Mientras Gilbert y otros pocos enamorados de la Luna proseguían en silencio con sus estudios, algunos empezaron ya a soñar con estruendosos cohetes capaces de surcar los cielos. La antiquísima relación de nuestra especie con el espacio exterior estaba a punto de cambiar para siempre.

 

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/07/27/ciencia/1374922876.html

EFE | Madrid

Actualizado sábado 27/07/2013 18:38 horas

Una de las lluvias de estrellas más famosas del verano, Delta Acuáridas, se podrá contemplar estos últimos días del mes, a partir de este fin de semana, con un máxima frecuencia que se dará alrededor del 30 de julio.

Ni prismáticos, ni telescopios, simplemente hace falta alejarse del centro urbano y situarse en un espacio oscuro y con gran campo de visión del cielo.

“Los prismáticos sólo son necesarios si la lluvia de estrellas dejara una estela permanente, pero estos instrumentos reducen el campo de visión y se busca precisamente lo contrario”, ha explicado a EFE el monitor de astronomía del planetario de Madrid, Gustavo Martínez.

Este año tenemos luna menguante que significa que puede eclipsar con su luz y provocar que se vea menos“, ha agregado Martínez.

El investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía, Pablo Santos, ha detallado que este fin de semana se estima que se registrarán 20 o 30 meteoros por hora.

“Igual esta lluvia decepciona un poco porque la fase de la luna es bastante grande, el cielo puede estar demasiado lumínico y dificultar el brillo de los meteoros”, según este experto.

No obstante, ha recordado que en la lluvia de estrellas que tendrá lugar entre el 11 y 12 de agosto, las denominadas Perseidas, también se podrán contemplar aún las Delta Acuáridas.

En la lluvia de meteoros, las partículas, que proceden de un cuerpo externo o de cometas y que en su recorrido por el sistema solar van dejando restos, son “atropelladas” por la Tierra y esto produce la conocida como lluvia de estrellas.

Estas partículas son de un tamaño milimétrico y entran a una “velocidad asombrosa de miles de kilómetros por hora“, ha relatado Martínez.

“Las Delta Acuáridas están relacionadas con el cometa 96P Machholz, un cuerpo helado que gira alrededor del Sol y cuando se acerca al él pierde materia, que para ejemplificar sería como cuando se abre la puerta del frigorífico en verano y sale una estela de hielo”, ha aclarado Santos.

Desde el Instituto Geográfico Nacional se señala que el máximo de esta lluvia de meteoros se dará alrededor del próximo martes.

 

SU TAREA SE HARÁ EN OTROS

Montaje paneles en la Estación Espacial 

Foto: NASA

MADRID, 25 Jul. (EUROPA PRESS) -

La NASA ha informado de que no se volverá a repetir el paseo espacial que, el pasado 16 de julio, realizaron el astronauta estadounidense Chris Cassidy y el italiano de la Agencia Espacial Europea (ESA) Luca Parmitano y que tuvo que ser interrumpido tras aparecer agua en el casco de este último.

La agencia espacial estadounidense ha señalado que las tareas previstas que los astronautas no pudieron cumplir en aquella ocasión, pueden reprogramarse para futuras caminatas. En este sentido, ha añadido que “todavía no hay fechas” de nuevas operaciones extravehiculares.

Cassidy y Parmitano ya habían llevado a cabo un paseo espacial el pasado 9 de julio, que finalizó con éxito. Una semana después repitieron para remplazar algunos equipos en el exterior de la Estación Espacial Internacional (ISS) y tender una serie de cables para la llegada del nuevo módulo ruso MLM, prevista para finales del año.

Pero esta caminata, la sexta para el astronauta estadounidense y la segunda para el italiano, que iba a durar seis horas, acabó a la hora y media debido a una fuga de agua en el casco de Parmitano.

La NASA ha abierto una investigación  sobre el caso y ha creado un equipo de expertos que ya estudian qué es lo que pudo ocurrir para que el agua apareciera en el interior del casco del astronauta de la ESA.

De estallido de formación estelar a fracaso estelar

 

ALMA arroja luz sobre el misterio de las galaxias masivas desparecidas

24 de julio de 2013

 

http://www.eso.org/public/chile/news/eso1334/

 

 

Nuevas observaciones del telescopio ALMA en Chile han proporcionado a los astrónomos la mejor visión obtenida hasta el momento de cómo la fuerte formación estelar puede arrancar el gas de una galaxia y dejar a las futuras generaciones de estrellas sin el combustible necesario para formarse y crecer. Las impactantes imágenes muestran enormes chorros de gas molecular eyectados por las regiones de formación estelar en la cercana Galaxia del Escultor. Estos nuevos resultados ayudan a explicar la extraña escasez de galaxias muy masivas en el universo. El estudio se publica en la revista Nature el 25 de Julio de 2013.

Las galaxias — sistemas como nuestra Vía Láctea que contienen cientos de miles de millones de estrellas— son las piezas básicas del cosmos. Una de las metas más ambiciosas de la astronomía contemporánea es comprender la forma en que crecen y evolucionan las galaxias, siendo la formación estelar una tema clave: ¿qué determina el número de nuevas estrellas que se formarán en una galaxia?

La Galaxia del Escultor, también conocida como NGC 253, es una galaxia espiral situada en la constelación austral del Escultor (Sculptor). A una distancia de unos 11,5 millones de años luz de nuestro Sistema Solar, es uno de nuestros vecinos intergalácticos más próximos y la galaxia con estallido de formación estelar más cercana [1] visible desde el hemisferio sur. Utilizando el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) los astrónomos han descubierto humeantes columnas de gas denso y frío huyendo desde el centro del disco galáctico.

Con la extraordinaria resolución y precisión de ALMA, podemos ver claramente, y por primera vez, concentraciones masivas de gas frío expulsadas por ondas expansivas de intensa presión creadas por las estrellas jóvenes” afirma Alberto Bolatto, de la Universidad de Maryland (EE.UU.), autor principal del artículo. “La cantidad de gas que medimos nos proporciona muestras evidentes de que algunas galaxias en crecimiento lanzan más gas del que absorben. Es posible que estemos viendo un ejemplo actual de algo muy común que ocurría en el universo temprano”.

Estos resultados pueden ayudar a explicar por qué los astrónomos han encontrado tan pocas galaxias altamente masivas en el cosmos. Los modelos por ordenador muestran que las galaxias más viejas y rojas deberían tener mucha más masa y más estrellas que lo que observamos actualmente. Al parecer los vientos galácticos o los escapes de gas son tan fuertes que privan a la galaxia del combustible necesario para la formación de la siguiente generación de estrellas [2].

Estas características trazan un arco que se alinea casi perfectamente con los bordes de los escapes de gas caliente ionizado observados anteriormente”, señala Fabian Walter, investigador en el Instituto de Astronomía Max Planck (Heidelberg, Alemania), y uno de los coautores del artículo. “Ahora podemos ver, paso a paso, la progresión de cómo el estallido pasa a convertirse en gas escapando”.

Los investigadores han determinado que enormes cantidades de gas molecular — cerca de diez veces la masa de nuestro Sol al año, o posiblemente mucho más — estaba siendo eyectado de la galaxia a velocidades de entre 150.000 y cerca de 1.000.000 de kilómetros por hora [3]. La cantidad total de gas eyectado sumaría más gas que el que realmente se empleó en la formación de las estrellas de la galaxia en el mismo tiempo. A estos niveles, la galaxia podría quedarse sin gas en tan solo unos 60 millones de años.

Para mí, este es un ejemplo excelente de cómo la nueva instrumentación da forma al futuro de la astronomía. Hemos estado estudiando la región de estallidos de formación estelar llamada NGC 253 y otras galaxias cercanas con estallidos de formación estelar durante casi diez años. Pero antes de ALMA, no había forma de ver este tipo de detalles” declara Walter. El estudio utiliza una configuración inical de ALMA con solo 16 antenas. “¡Es emocionante pensar qué podrá mostrarnos ALMA de este tipo de fenómenos con su conjunto completo de 66 antenas!”, añade Walter.

Más estudios con el conjunto completo de ALMA nos ayudarán a determinar el destino final del gas expulsado por el viento, lo cual nos revelará si los vientos provocados por los estallidos de formación estelar reciclan el material que forma a las estrellas o realmente se lo arrebatan al entorno.

Notas

[1] Las galaxias con estallidos de formación estelar (starburst galaxies en inglés) producen estrellas a un ritmo excepcionalmente alto. Dado que NGC 253 es uno de estos objetos extremos más cercano, es un objetivo ideal de estudio para conocer los efectos de este crecimiento frenético en la galaxia que lo alberga.

[2] Observaciones previas han mostrado gas más caliente, pero mucho menos denso, escapando de la región de formación estelar NGC 253, pero esto, por sí solo, tendría muy poco impacto en el destino de la galaxia y en su capacidad para formar futuras generaciones de estrellas. Los nuevos datos de ALMA muestran el gas molecular, mucho más denso, recibiendo la “patada” inicial que lo alejará de la formación de nuevas estrellas y que lo empuja, barriéndolo junto con el escaso gas caliente, hacia el halo galáctico.

[3] Pese a que las velocidades son muy altas, no lo son lo suficiente como para eyectar el gas de la galaxia. Suele quedar atrapado en el halo galáctico durante muchos millones de años y, finalmente, podría volver a caer sobre el disco, generando nuevos episodios de formación estelar.

Información adicional

Esta investigcaión se presenta en el artículo “The Starburst-Driven Molecular Wind in NGC 253 and the Suppression of Star Formation”, por Alberto D. Bolatto et al., que aparece en la revista Nature el 25 de Julio de 2013.

El equipo está compuetso por A. D. Bolatto (Departamento de Astronomía, Laboratorio de Astronomía Milimétrica y Joint Space Institute, Universidad de Maryland, EE.UU.), S. R. Warren (Universidad de Maryland), A. K. Leroy (Observatorio Nacional de Radioastronomía, Charlottesville, EE.UU.), F. Walter (Instituto Max-Planck de Astronomía, Heidelberg, Alemania), S. Veilleux (Universidad de Maryland), E. C. Ostriker (Departamento de Ciencias Astrofísicas, Universidad de Princeton, EE.UU.), J. Ott (Observatorio Nacional de Radioastronomía, Nuevo México, EE.UU.), M. Zwaan (Observatorio Europeo Austral, Garching, Alemania), D. B. Fisher (Universidad de Maryland), A. Weiss (Instituto Max-Planck de Radioastronomía, Bonn, Alemania), E. Rosolowsky (Departamento de Física, Universidad de Alberta, Canadá) y J. Hodge (Instituto Max-Planck de Astronomía, Heidelberg, Alemania).

ESO es la principal organización astronómica intergubernamental de Europa y el observatorio astronómico más productivo del mundo. Cuenta con el respaldo de quince países: Alemania, Austria, Bélgica, Brasil, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Holanda, Italia, Portugal, el Reino Unido, República Checa, Suecia y Suiza. ESO desarrolla un ambicioso programa centrado en el diseño, construcción y operación de poderosas instalaciones de observación terrestres que permiten a los astrónomos hacer importantes descubrimientos científicos. ESO también desarrolla un importante papel al promover y organizar la cooperación en investigación astronómica. ESO opera en Chile tres instalaciones de observación únicas en el mundo: La Silla, Paranal y Chajnantor. En Paranal, ESO opera el Very Large Telescope, el observatorio óptico más avanzado del mundo, y dos telescopios de rastreo. VISTA (siglas en inglés de Telescopio de Rastreo Óptico e Infrarrojo para Astronomía) trabaja en el infrarrojo y es el telescopio de rastreo más grande del mundo, y el VST (VLT Survey Telescope, Telescopio de Rastreo del VLT) es el telescopio más grande diseñado exclusivamente para rastrear el cielo en luz visible. ESO es el socio europeo de un revolucionario telescopio, ALMA, el proyecto astronómico más grande en desarrollo. Actualmente ESO está planificando el European Extremely Large Telescope, E-ELT, el telescopio óptico y de infrarrojo cercano de 39 metros, que llegará a ser “el ojo más grande del mundo para mirar el cielo”.

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USA
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Richard Hook
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Celular: +49 151 1537 3591
Correo electrónico: rhook@eso.org

Esta es una traducción de la nota de prensa de ESO eso1334.

 

18 de julio de 2013

 

http://www.eso.org/public/chile/news/eso1333/

 

Por primera vez se ha obtenido una imagen de una línea de nieve en un remoto sistema solar sumamente joven. La línea de nieve, situada en el disco que rodea a la estrella de tipo solar TW Hydrae, promete revelarnos más sobre la formación de planetas y cometas, los factores que influyen en su composición y la historia de nuestro Sistema Solar. Los resultados se publican hoy en la revista Science Express.

Utilizando el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), los astrónomos  han obtenido la primera imagen de una línea de nieve en un sistema solar bebé. En la Tierra, las líneas de nieve se forman a grandes altitudes en las que las temperaturas, al bajar, transforman la humedad del aire en nieve. Esta línea puede verse claramente en una montaña, en la que vemos bien delimitada la cumbre nevada y la zona en la que comenzamos a distinguir la superficie rocosa, libre de nieve.

Las líneas de nieve en torno a estrellas jóvenes se forman de un modo similar, en las regiones más alejadas y frías de los discos a partir de los cuales se forman los sistemas planetarios. Comenzando en la estrella y moviéndose hacia fuera, el agua (H2O) es la primera en congelarse, formando la primera línea de nieve. Más allá de la estrella, a medida que la temperatura cae, otras moléculas más exóticas pueden llegar a congelarse y convertirse en nieve, como es el caso del dióxido de carbono (CO2), elmetano (CH4), y el monóxido de carbono (CO). Estos diferentes tipos de nieve dan a los granos de polvo una cobertura externa que ejerce como pegamento y juega un papel esencial a la hora de ayudar a estos granos a superar su habitual tendencia a romperse tras una colisión, permitiéndoles, por el contrario, convertirse en piezas fundamentales para la formación de planetas y cometas. La nieve, además, aumenta la cantidad de materia sólida disponible y puede acelerar de forma sorprendente el proceso de formación planetaria.

Cada una de estas diferentes líneas de nieve — para el agua, el dióxido de carbono, el metano y el monóxido de carbono — puede estar relacionada con la formación de diferentes tipos de planetas [1]. Alrededor de una estrella parecida a nuestro Sol, en un sistema solar similar, la línea de nieve del agua se correspondería con la distancia que hay entre las órbitas de Marte y Júpiter, y la línea de nieve del monóxido de carbono se correspondería con la órbita de Neptuno.

La línea de nieve detectada por ALMA es la primera detección de una línea de nieve de monóxido de carbono entorno a TW Hydrae, una estrella joven que se encuentra a 175 años luz de la Tierra. Los astrónomos creen que este incipiente sistema solar comparte muchas características con nuestro propio Sistema Solar cuando tenía tan solo unos pocos millones de años.

ALMA nos ha proporcionado la primera imagen real de una línea de nieve en torno a una estrella joven, los cual es extremadamente emocionante, ya que esto nos habla de un periodo muy temprano en la historia de nuestro Sistema Solar” afirma Chunhua “Charlie” Qi (Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics, Cambridge, EE.UU.) uno de los dos autores principales del artículo. “Ahora podemos ver detalles antes ocultos sobre las lejanas regiones heladas de otro sistema solar similar al nuestro”.

Pero la presencia de monóxido de carbono podría tener consecuencias más allá de la simple formación de planetas. El monóxido de carbono es necesario para la formación del metanol, pieza fundamental de las moléculas orgánicas, más complejas y esenciales para la vida. Si los cometas transportasen estas moléculas a planetas en formación similares a la Tierra, entonces esos planetas estarían equipados con los ingredientes necesarios para la vida.

Hasta ahora, nunca se habían obtenido imágenes directas de las líneas de nieve porque siempre se forman en el plano central del disco protoplanetario, una zona relativamente estrecha, de manera que no podían precisarse su ubicación ni su tamaño. Por encima y debajo de esta estrecha región en la que se encuentran las líneas de nieve, la radiación estelar impide la formación de hielos. La concentración de polvo y gas en el plano central es necesaria para proteger el área de la radiación, de manera que el monóxido de carbono y otros gases puedan enfriarse y congelarse.

Con la ayuda de un truco muy ingenioso, este equipo de astrónomos logró penetrar en el disco y mirar muy de cerca dónde se formaba la nieve. En lugar de buscar nieve — dado que no puede observarse directamente — buscaron una molécula conocida como  diazinio (diazenylium) (N2H+), que brilla intensamente en la parte milimétrica del espectro y es, por tanto, un objetivo perfecto para un telescopio como ALMA. Esta frágil molécula se destruye con facilidad en presencia de gas monóxido de carbono, por lo que solo aparecería, en cantidades detectables, en regiones en las que el monóxido de carbono se hubiese transformado en nieve y no pudiese destruirlo. Esencialmente, la clave para encontrar nieve de monóxido de carbono está en encontrar diazinio.

La extraordinaria sensibilidad de ALMA y su alta resolución han permitido a los astrónomos rastrear la presencia y la distribución del diazinio y encontrar un límite claro y definido, situado aproximadamente a unas 30 unidades astronómicas de la estrella (30 veces la distancia entre la Tierra y el Sol). De hecho, esto proporciona una imagen negativa de la nieve de monóxido de carbono en el disco que rodea a TW Hydrae, lo cual puede utilizarse para ver con precisión la línea de nieve del monóxido de carbono en el lugar en que las teorías predicen que debería estar — el borde interior del anillo de diazinio.

Para estas observaciones tan solo utilizamos 26 de las 66 antenas que componen el total de ALMA. En otras observaciones de ALMA ya hay indicios de líneas de nieve alrededor de otras estrellas, y estamos convencidos de que futuras observaciones, con todo el conjunto de antenas, revelarán mucho más y proporcionarán mucha más información reveladora sobre la formación y evolución de los planetas. Espere y verá”, concluye Michiel Hogerheijde, del Observatorio de Leiden, en los Países Bajos.

Notas

[1] Por ejemplo, los planetas rocosos y secos se forman en la parte interior de la línea de nieve del agua (más cerca de la estrella), donde solo puede existir el polvo. En el otro extremo se encuentran los planetas gigantes gaseosos, que se forman más allá de la línea de nieve del monóxido de carbono.

Información adicional

El Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), una instalación astronómica internacional, es una colaboración entre Europa, América del Norte y Asia Oriental  en cooperación con la República de Chile. ALMA está financiado en Europa por ESO, en América del Norte por la fundación Nacional de Ciencia de los Estados Unidos (NSF) en cooperación con el Consejo Nacional de Investigación de Canadá (NRC) y el Consejo Nacional de Ciencias (NSC) de Taiwán (NSC); y en Asia Oriental  por los Institutos Nacionales de Ciencias Naturales de Japón (NINS) en cooperación con la Academia Sinica (AS) de Taiwán.  La construcción y operaciones de ALMA en Europa están lideradas por ESO; en América del Norte por el National Radio Astronomy Observatory(NRAO), gestionado por Associated Universities, Inc. (AUI); y en Asia Oriental por el Observatorio Astronómico Nacional de Japón (NAOJ). El Joint ALMA Observatory (JAO) proporciona al proyecto la unificación tanto del liderazgo como de la gestión de la construcción, puesta a punto y operación de ALMA.

Esta investigación se presenta en el artículo que aparece en el número del 18 de julio de 2013 en la revista Science Express.

El equipo está compuesto por C. Qi (Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics, EE.UU.); K. I. Öberg (Departamentos de Química y Astronomía, Universidad de Virginia, EE.UU.); D. J. Wilner (Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics, EE.UU.); P. d’Alessio (Centro de Radioastronomía y Astrofísica, Universidad Nacional Autónoma de México, México); E. Bergin (Departamento de Astronomía, Universidad de Michigan, EE.UU.); S. M. Andrews (Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics, EE.UU.); G. A. Blake (División de Ciencias Geológicas y Planetarias, Instituto Tecnológico de California, EE.UU.); M. R. Hogerheijde (Observatorio de Leiden, Universidad de Leiden, Países Bajos); y E. F. van Dishoeck (Instituto Max Planck de Física Extraterrestre, Alemania).

Qi y Öberg han sido los autores principales de este artículo.

ESO es la principal organización astronómica intergubernamental de Europa y el observatorio astronómico más productivo del mundo. Cuenta con el respaldo de quince países: Alemania, Austria, Bélgica, Brasil, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Holanda, Italia, Portugal, el Reino Unido, República Checa, Suecia y Suiza. ESO desarrolla un ambicioso programa centrado en el diseño, construcción y operación de poderosas instalaciones de observación terrestres que permiten a los astrónomos hacer importantes descubrimientos científicos. ESO también desarrolla un importante papel al promover y organizar la cooperación en investigación astronómica. ESO opera en Chile tres instalaciones de observación únicas en el mundo: La Silla, Paranal y Chajnantor. En Paranal, ESO opera el Very Large Telescope, el observatorio óptico más avanzado del mundo, y dos telescopios de rastreo. VISTA (siglas en inglés de Telescopio de Rastreo Óptico e Infrarrojo para Astronomía) trabaja en el infrarrojo y es el telescopio de rastreo más grande del mundo, y el VST (VLT Survey Telescope, Telescopio de Rastreo del VLT) es el telescopio más grande diseñado exclusivamente para rastrear el cielo en luz visible. ESO es el socio europeo de un revolucionario telescopio, ALMA, el proyecto astronómico más grande en desarrollo. Actualmente ESO está planificando el European Extremely Large Telescope, E-ELT, el telescopio óptico y de infrarrojo cercano de 39 metros, que llegará a ser “el ojo más grande del mundo para mirar el cielo”.

Las traducciones de las notas de prensa de ESO las llevan a cabo miembros de la Red de Divulgación de la Ciencia de ESO (ESON por sus siglas en inglés), que incluye a expertos en divulgación y comunicadores científicos de todos los países miembros de ESO y de otras naciones.

El nodo español de la red ESON está representado por J. Miguel Mas Hesse y Natalia Ruiz Zelmanovitch.

Enlaces

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Michiel Hogerheijde
Leiden Observatory
Leiden, The Netherlands
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Correo electrónico: rhook@eso.org

Esta es una traducción de la nota de prensa de ESO eso1333.

“El asteroide que quería ser cometa”

 

26/07/2013

http://www.iac.es/divulgacion.php?op1=16&id=804

Natalia Ruiz Zelmanovitch

Imagen ampliada
Imágenes del cometa P/2012 T1. La (a) ha sido obtenida con el instrumento PFIP (instalado en el telescopio William Herschel de 4,2 metros) y las (b-e) con el instrumento OSIRIS (en el Gran Telescopio Canarias, de 10,4 metros). Imagen incluida en el artículo científico. (Enlace directo:http://ej.iop.org/images/2041-8205/770/2/L30/Full/apjl474151f1_lr.jpg)
Imagen ampliada
Representación artística de un asteroide. Los asteroides, a diferencia de los cometas, no se caracterizan por exhibir una cola, pero existen una decena de excepciones. Investigadores españoles han observado a uno de estos raros asteroides con el Gran Telescopio CANARIAS (GTC). Créditos: SINC / J. A. Peñas
http://www.agenciasinc.es/Multimedia/Fotografias/Un-asteroide-con-cola-cruza-el-espacio

Los cometas siempre han llamado la atención del ser humano por su aparición cíclica, lo cual ha generado muchas preguntas ¿de dónde vienen?, ¿de qué están compuestos?, y ¿por qué tienen cola? Precisamente esa cola es lo que hemos utilizado para distinguir a los cometas de los asteroides, siendo los asteroides objetos rocosos y los cometas objetos helados. Formados, por tanto, por hielo, roca y polvo, cuando el cometa se acerca al Sol y aumenta su temperatura, su núcleo sublima material volátil, creando una especie de atmósfera denominada cabellera o coma. El azote de los vientos solares hace que esa coma se desprenda del cometa, generando la cola.

Pero no todos los cometas tienen el mismo origen. Hasta hace pocas décadas se creía que todos los cometas procedían o bien de la Nube de Oort o bien del Cinturón de Kuiper. La Nube de Oort es una zona que se encuentra en los confines del Sistema Solar y que habría sido generada por los restos de la formación de nuestra estrella y sus planetas. Debido a la gran distancia a la que se encuentra, los cometas procedentes de esa zona tienen unas órbitas elípticas muy alargadas y con periodos de miles de años. Sin embargo, sabemos que hay cometas con periodos menores. En los años 60 del siglo pasado, Gerard Kuiper teorizó sobre la existencia de otra zona, más allá de Neptuno, que podría contener cometas. En 1980 Julio A. Fernández demostró que los cometas de corto período deberían venir de esa región y poco después, en los años 90, se descubrieron los primeros objetos en la región transneptuniana, por lo que finalmente esa zona se bautizó con el nombre de Cinturón de Kuiper.

Sin embargo ahora sabemos que no todos los cometas provienen de una de estas dos zonas.

El seis de octubre del año 2012 el sondeo Pan-STARRS (Panoramic Survey Telescope & Rapid Response System) descubría el cometa P/2012 T1 (PANSTARRS)1. Por su órbita, se determinó que pertenecía al Cinturón Principal de Asteroides, que se encuentra mucho más cerca de nosotros, entre las órbitas de los planetas Marte y Júpiter. Pero, ¿qué tienen que ver los asteroides en todo esto? Pues al parecer no todos son objetos rocosos sin actividad.

A finales de los años 90 del siglo pasado se descubría el primer asteroide activado (como se han denominado) que mostraba claramente una cola de polvo. Este asteroide que quería ser cometa fue bautizado con el nombre de 133P/Elst-Pizarro, y desde entonces se han descubierto otros 9 objetos de este tipo.

“Dentro de esta categoría, – afirma Fernando Moreno (investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía), autor principal de un trabajo que ha estudiado las características de P/2012 T1 (PANSTARRS)- se han identificado tentativamente dos tipos: asteroides activados por eventos impulsivos, como pueden ser una colisión con otro asteroide o una ruptura rotacional, y los llamados Main-Belt Comets (MBCs), cuya actividad parece estar ligada a sublimación de volátiles, como en el caso de los cometas: de ahí su nombre”. Nuestro cometa parece pertenecer a este segundo grupo.

Se cree que tienen un cierto contenido de agua, aunque menos que los demás cometas, pero todavía no se ha detectado emisión gaseosa en ningún MBC (sólo pequeñas cantidades de agua o de cianuro), aunque también es cierto que debido a su pequeño tamaño y a la gran distancia que nos separa de ellos la detección espectroscópica con la instrumentación actual resulta muy complicada.

El interés de su estudio radica en que esos objetos constituyen el eslabón perdido entre los asteroides y los cometas, entre los medios rocosos y los medios helados. Además, estos objetos podrían tener una gran importancia por haber podido contribuir a la presencia de agua en la Tierra.

Para este trabajo se han utilizado observaciones realizadas con el Gran Telescopio CANARIAS (GTC) de 10,4 metros y el Telescopio William Herschel (WHT, operado por el Isaac Newton Group) de 4,2 metros, ambos ubicados en el Observatorio del Roque de los Muchachos del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), en la isla canaria de La Palma.

Tal y como afirma Antonio Cabrera-Lavers (investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias y astrónomo del GTC que también ha participado en este estudio) “se han obtenido imágenes de seis épocas distintas en el periodo que va desde noviembre de 2012 hasta febrero de 2013, con la intención de monitorizar el entorno de polvo de este cometa”.

Nuestro objeto, que se codea con miles de asteroides de múltiples tamaños, con algunos planetoides como Vesta y con el planeta enano Ceres, tiene una actividad sostenida en el tiempo que abarca un periodo de entre cuatro y seis meses, probablemente debida a la sublimación de hielos de agua. Esto nos dice que se trata de una actividad típicamente estacional, es decir, el objeto solo se activaría cuando la zona de la superficie que contiene agua es iluminada por el Sol. Aplicando modelos se han conseguido determinar las velocidades de eyección de las partículas lanzadas desde el pequeño núcleo, asumiendo que los granos de polvo se verían afectados por la gravedad solar y por la presión de la radiación.

Cuando el cometa se encuentra cerca del perihelio, el eje de rotación está orientado hacia el Sol. Los investigadores creen que esta configuración, similar para otro MBC llamado P/2011 R2 (La Sagra) no es casual, aunque todavía hay que esperar a tener más datos.

Dado que tan solo se conocen diez de estos objetos, es importante caracterizar las propiedades de la emisión tanto de los ya conocidos como de cualquier nuevo miembro descubierto. “El papel del GTC resulta fundamental, – afirma Moreno- ya que se necesita una gran apertura, resolución espacial y calidad fotométrica para extraer de las observaciones los parámetros físicos de las partículas emitidas por estos objetos. El GTC es único para este tipo de investigación”.

Este objeto, de magnitud 21, tiene un perihelio de 2,4 Unidades Astronómicas y un período de cerca de 5,6 años.

Se encuentra en el cúmulo de asteroides conocido como la Familia de Lixiaohua, que se cree fue originada por la ruptura de un cuerpo mayor hace unos 155 millones de años.

Notas
[1] El nombre P/2012 T1 (PANSTARRS) corresponde a la siguiente estructura: P implica que es un cometa Periódico; 2012 es el año del descubrimiento; T1 significa que fue el primer objeto descubierto de su tipo entre el 1 y el 16 de octubre de ese año; y (PANSTARRS) es el nombre del sondeo. Posteriormente el objeto fue identificado en imágenes de archivo del mismo sondeo del año 2011. Además se han descubierto imágenes del cometa del año 2001 obtenidas por la cámara Schmidt de Monte Palomar (EE.UU.), lo cual ayudó a determinar su órbita con mucha mayor precisión.

 

Más información:

Este trabajo ha sido publicado en el artículo científico “The dust environment of Main-Belt Comet P/2012 T1 (PANSTARRS)“, en junio de 2013 en la revista “The Astrophysical Journal Letters” y los autores son Fernando Moreno (Instituto de Astrofísica de Andalucía IAA-CSIC); A. Cabrera-Lavers (Instituto de Astrofísica de Canarias IAC; Departamento de Astrofísica de la Universidad de La Laguna (ULL); y
Proyecto GTC); O. Vaduvescu (Isaac Newton Group of Telescopes; IAC); J. Licandro (IAC y Departamento de Astrofísica de la ULL); y F. Pozuelos (IAA-CSIC).

El Gran Telescopio CANARIAS (GTC) es el telescopio óptico-infrarrojo más grande y uno de los más avanzados del mundo. Es una iniciativa liderada por el IAC y gestionada por la empresa pública GRANTECAN, participada por la Administración General del Estado (MINECO) y el Gobierno de Canarias, a través de los Fondos Europeos de Desarrollo Regional (FEDER) de la Comunidad Europea. Además, cuenta con la participación de México, a través del IA-UNAM (Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México) y del INAOE (Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica), y Estados Unidos, a través de la Universidad de Florida.

Enlaces

Más datos de P/2012 T1 (PANSTARRS)
Gran Telescopio CANARIAS (GTC)
William Herschel Telescope (WHT)
- Noticia de la agencia SINC relacionada: Descubren cuándo le nació la cola a un asteroide 

Spitzer Observa Emisiones de Gas del Cometa ISON

 

www.lanasa.net

Un equipo de astrónomos utilizando el Telescopio Espacial Spitzer de la NASA han observado fuertes emisiones de dióxido de carbono del cometa ISON, antes de su paso través del Sistema Solar interior a finales de este año. Las imágenes capturadas el pasado 13 de junio con la cámara infrarroja de Spitzer indican que el dióxido carbono es expulsado poco a poco y de manera constante junto con el polvo. Ambos se unen en la cola del cometa que mide unos 300.000 kilometros de largo.

“Se estima que ISON emite alrededor de un millón de kilogramos de gas y más de 54 kilogramos de polvo todos los días”, dijo Carey Lisse líder de la investigación, de la campaña de observación de ISON de la NASA. “Observaciones anteriores realizadas con el telescopio espacial Hubble y la misión de estallidos de rayos gamma Swift y la nave Deep Impact nos proporcionaron límites superiores para cualquier emisión de gas de ISON. Gracias a Spitzer ahora sabemos con seguridad que la lejana actividad del cometa ha sido alimentada por gas”.

El cometa ISON se encontraba a unos 502 millones de kilómetros del Sol, unas 3.35 veces más lejos que la Tierra cuando se hicieron las observaciones. “Estas fabulosas observaciones de ISON son únicas y permiten realizar más observaciones y descubrimientos posteriores como parte de una completa campaña de la NASA para observar el cometa”, dijo James L. Green, director de ciencia planetaria de la NASA en Washington. “ISON es muy interesante. Pensamos que los datos tomados de este cometa pueden explicar cómo y cuándo se formó el sistema solar”.

ISON se está calentando gradualmente a medida que se acerca al sol. En el proceso, los diferentes gases se calientan hasta el punto de evaporación. Los científicos creen que el dióxido de carbono es el gas que potencia estos cuerpos entre las órbitas de Saturno y los asteroides. “Ahora conocemos a ciencia cierta que esto es así”, ha añadido el científico.

El cometa ISON (oficialmente conocido como C/2012 S1), tiene unos de 4.8 kilómetros de diámetro y un peso de unos 3.000 kilogramos, aunque su verdadero tamaño y densidad no ha sido determinado con precisión, debido a que está todavía muy lejos. Al igual que todos los cometas, ISON es una bola de nieve sucia compuesta de polvo y gases congelados tales como agua, amoniaco, metano y dióxido de carbono. Estos son algunos de los pilares fundamentales, que los científicos creen que condujeron a la formación de los planetas hace 4,5 millones de años.

Image Credit: NASA/JPL-Caltech

Foto: Spitzer Observa Emisiones de Gas del Cometa ISON</p>
<p>Un equipo de astrónomos utilizando el Telescopio Espacial Spitzer de la NASA han observado fuertes emisiones de dióxido de carbono del cometa ISON, antes de su paso través del Sistema Solar interior a finales de este año. Las imágenes capturadas el pasado 13 de junio con la cámara infrarroja de Spitzer indican que el dióxido carbono es expulsado poco a poco y de manera constante junto con el polvo. Ambos se unen en la cola del cometa que mide unos 300.000 kilometros de largo.</p>
<p>"Se estima que ISON emite alrededor de un millón de kilogramos de gas y más de 54 kilogramos de polvo todos los días", dijo Carey Lisse líder de la investigación, de la campaña de observación de ISON de la NASA. "Observaciones anteriores realizadas con el telescopio espacial Hubble y la misión de estallidos de rayos gamma Swift y la nave Deep Impact nos proporcionaron límites superiores para cualquier emisión de gas de ISON. Gracias a Spitzer ahora sabemos con seguridad que la lejana actividad del cometa ha sido alimentada por gas".</p>
<p>El cometa ISON se encontraba a unos 502 millones de kilómetros del Sol, unas 3.35 veces más lejos que la Tierra cuando se hicieron las observaciones. "Estas fabulosas observaciones de ISON son únicas y permiten realizar más observaciones y descubrimientos posteriores como parte de una completa campaña de la NASA para observar el cometa", dijo James L. Green, director de ciencia planetaria de la NASA en Washington. "ISON es muy interesante. Pensamos que los datos tomados de este cometa pueden explicar cómo y cuándo se formó el sistema solar".</p>
<p>ISON se está calentando gradualmente a medida que se acerca al sol. En el proceso, los diferentes gases se calientan hasta el punto de evaporación. Los científicos creen que el dióxido de carbono es el gas que potencia estos cuerpos entre las órbitas de Saturno y los asteroides. "Ahora conocemos a ciencia cierta que esto es así", ha añadido el científico.</p>
<p>El cometa ISON (oficialmente conocido como C/2012 S1), tiene unos de 4.8 kilómetros de diámetro y un peso de unos 3.000 kilogramos, aunque su verdadero tamaño y densidad no ha sido determinado con precisión, debido a que está todavía muy lejos. Al igual que todos los cometas, ISON es una bola de nieve sucia compuesta de polvo y gases congelados tales como agua, amoniaco, metano y dióxido de carbono. Estos son algunos de los pilares fundamentales, que los científicos creen que condujeron a la formación de los planetas hace 4,5 millones de años.</p>
<p>Image Credit: NASA/JPL-Caltech

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